En el mismo catálogo puedes encontrar un punto de recarga de 7,4 kW por unos 350 € y otro por más de 1.500 €. Ambos cargan el mismo coche a la misma velocidad. La pregunta es evidente: ¿en qué se va la diferencia?
La respuesta no es «marketing». Hay diferencias reales, aunque no todas importan en todos los casos.
Lo que NO cambia con el precio
Empecemos por ahí, porque es lo que más confunde:
- La velocidad de carga. 7,4 kW son 7,4 kW. Un equipo de 350 € y uno de 1.500 € llenan tu batería en el mismo tiempo.
- La compatibilidad. Ambos son Tipo 2 y funcionan con cualquier coche.
- La seguridad básica. Cualquier equipo con certificación europea cumple los requisitos esenciales.
Si tu única necesidad es cargar un coche por la noche en un garaje privado, un equipo de gama de acceso hace el trabajo.
Lo que sí cambia
1. Las protecciones que trae dentro
Es la diferencia con más impacto económico. Un equipo de 350 € viene «pelado»: hay que sumarle el cuadro. Uno de gama media-alta puede traerlo todo integrado. Ver protecciones integradas o cuadro aparte.
2. El sistema de medida incluido
Algunos equipos incluyen la pinza o el medidor del balanceo; otros lo venden aparte, y un medidor trifásico de calidad puede costar varios cientos de euros. Comparar precios sin mirar esto es comparar cosas distintas.
3. La calidad de los materiales
Donde más se nota:
- La manguera. Es la pieza que más sufre. Un cable rígido que se vuelve quebradizo con el frío, o cuya cubierta se degrada al sol, es la primera diferencia que aprecia el usuario.
- La carcasa. Grado IP e IK reales, resistencia UV, plásticos que no amarillean.
- Los bornes internos. Terminales de tornillo bien dimensionados frente a soluciones justas. Ver bornas quemadas.
- El contactor, que es la pieza que abre y cierra miles de veces a lo largo de la vida del equipo.
4. El servicio técnico
Aquí está buena parte de la diferencia que no se ve en la ficha. Un fabricante con servicio técnico en España que responde al teléfono cuesta dinero de mantener, y ese coste está en el precio.
La prueba práctica antes de comprar: llama al soporte del fabricante y mira qué pasa. Si te atiende una persona, es una señal. Si solo hay un formulario web, otra.
5. Funciones que quizá no necesitas
Lector RFID, pantalla, conectividad 4G, medida homologada MID, OCPP, gestión de varios usuarios. Todo eso encarece y es imprescindible en una comunidad o en un hotel, y perfectamente prescindible en un garaje privado. Ver OCPP: quién lo necesita de verdad.
6. Durabilidad de la electrónica
Difícil de valorar antes de comprar y evidente después. Un equipo que funciona a plena carga ocho horas cada noche durante diez años acumula muchas horas de trabajo. Es donde la ingeniería marca la diferencia, y donde el precio suele correlacionar.
Las tres gamas, en la práctica
Acceso (350-500 €)
Equipos funcionales, sin protecciones y con lo justo. Buena opción si el cuadro tiene espacio y el uso es doméstico simple.
Ejemplos: Autel MaxiCharger AC Single 7,4 kW, Fox ESS L07, Star Charge Artemis Basic 7,4 kW, Raedian NEO 7 kW socket.
Media (600-1.000 €)
El grueso del mercado doméstico. Aquí aparecen las protecciones integradas, mejores mangueras y servicio técnico serio.
Ejemplos: V2C Trydan con protecciones, Circutor eHome 5, Kostal Enector AC, Victron EV Charging Station.
Alta y profesional (1.000 € en adelante)
Equipos pensados para durar en entornos exigentes, o con funciones de gestión, medida homologada y cobro.
Ejemplos: Zaptec Go 2, Ingeteam Fusion Wall, SolarEdge EV Charger 3PH, Raedian Gemini 22 kW.
Cómo comparar bien
La única comparación honesta es el coste total instalado y funcionando:
- Precio del equipo.
- + Protecciones, si no las trae.
- + Sistema de medida para el balanceo, si no lo trae.
- + Ampliación del cuadro, si hace falta.
- + Instalación y legalización (igual en todos los casos).
Cuando se hace esa suma, la diferencia entre gamas se estrecha bastante.
Preguntas frecuentes
¿Un cargador barato es peligroso?
Uno de marca conocida con certificación europea, no. Lo que sí es un riesgo son los productos sin fabricante identificable ni declaración de conformidad verificable. Ver comprar el cargador en un marketplace.
¿Merece la pena pagar por RFID en casa?
Solo si compartes el punto con alguien más o quieres impedir que lo use un tercero. En un garaje privado, no aporta.
¿Y la app?
Es cómoda, pero conviene que no sea imprescindible. Un equipo que solo funciona con app en la nube es más frágil a largo plazo: ver qué pasa si el fabricante cierra.
¿Dónde sí hay que gastar sin dudar?
En las protecciones, en la sección del cable y en la instalación. Esas tres partidas no se ven y son las que determinan si la instalación aguanta diez años.
Conclusión
Entre un cargador de 350 € y uno de 1.500 € no cambia la velocidad de carga: cambian las protecciones incluidas, la calidad de la manguera y la carcasa, y sobre todo quién te coge el teléfono cuando falla. Compara siempre el precio instalado y funcionando, no el de la caja.