Buscas «instalar cargador coche eléctrico» y lo primero que aparece son plataformas con precio cerrado y un formulario de tres campos. Instalación hasta 10 metros, 475 €. Hasta 20 metros, 550 €. Hasta 30 metros, 675 €. Todo incluido: cableado, mano de obra y legalización.
Es una propuesta atractiva y perfectamente legal. El problema no es el modelo de negocio: es que esos números solo cuadran si algo se recorta, y conviene saber qué antes de firmar.
El desglose que circula, y por qué no cierra
Cuando se les pide el detalle, el desglose típico de una instalación de 20 metros es más o menos este:
- 2 operarios × 3 horas × 40 €/h = 240 €
- Cable, tubo y pequeño material = 185 €
- Boletín / certificado de instalación = 150 €
- Total: 575 €
Sobre el papel, ordenado. En la práctica, cualquiera que haya montado un punto de recarga en un garaje comunitario sabe que dos personas no hacen 20 metros de instalación en tres horas. Y ese cálculo, además, deja fuera:
- El desplazamiento. Ir, aparcar en una zona sin plaza, subir el material, volver.
- La visita previa, cuando la hay. Muchas plataformas van directas a obra sin verla antes, lo que provoca instalaciones que no se pueden ejecutar el día previsto.
- Los costes de estructura de una empresa real: furgoneta, herramienta, seguro de responsabilidad civil, vacaciones, formación, gestoría.
- La postventa. Si algo falla a los seis meses, alguien tiene que volver.
Cuando un precio de venta al público está por debajo del coste real de ejecución, el margen tiene que salir de algún sitio. Estas son las cuatro partidas donde sale.
1. La sección del cable
Es la primera candidata, porque el ahorro es inmediato y el defecto es invisible durante meses. Bajar de 16 mm² a 10 mm² en una tirada larga son decenas de euros por cada diez metros, y el cliente no lo va a notar el primer día.
Lo notará después: caída de tensión por encima de lo admisible, cable trabajando caliente y un cargador que limita potencia. Lo desarrollamos en el artículo sobre qué sección de cable necesita tu instalación.
Hay una variante todavía más incómoda: ajustar la sección al papel en vez de a la realidad. Si en la documentación figuran 25 metros en lugar de los 45 reales, el cálculo «sale» con 10 mm². El cable instalado sigue siendo insuficiente.
2. Las protecciones
Un cuadro completo para un punto de recarga —magnetotérmico, diferencial de 30 mA de la clase adecuada, protector de sobretensiones permanentes y transitorias y, si procede, el dispositivo de rearme— cuesta dinero y ocupa 4 o 5 módulos. En tarifas muy ajustadas, aparecen atajos: reutilizar un diferencial existente, prescindir del protector de sobretensiones, o colgar el cargador de un circuito que no le corresponde.
La consecuencia práctica no es dramática al principio. Es que un día salta el diferencial de toda la casa cada vez que se enchufa el coche, o que una sobretensión se lleva por delante la electrónica del cargador y la garantía no lo cubre. Puedes ver el detalle en qué protecciones necesita de verdad un cargador.
3. La legalización
Toda instalación de recarga necesita su documentación: certificado de instalación eléctrica firmado por una empresa instaladora autorizada, memoria técnica de diseño cuando corresponde, y su registro en el organismo competente de la comunidad autónoma.
Ese trámite lleva trabajo y responsabilidad. En una tarifa muy comprimida hay riesgo de que se resuelva de forma superficial. Y esto tiene dos consecuencias reales:
- Sin documentación en regla no puedes optar a ninguna ayuda pública que la exija.
- En un garaje comunitario, la comunidad debería tener el certificado. Si mañana hay un siniestro y la instalación no está documentada, el problema es de todos.
4. El tiempo
Es el recorte más silencioso. Una instalación bien hecha implica grapar la manguera cada pocos palmos, respetar los trazados acordados, proteger el cable por debajo de 2,5 m de altura, sellar los pasos de forjado y dejar el conjunto limpio. Todo eso son horas.
Cuando el precio no da para esas horas, aparecen los resultados que circulan por los grupos profesionales: mangueras sin grapar colgando por un patio de luces, cable de sección insuficiente metido en tubo demasiado estrecho, canalizaciones que atraviesan plazas ajenas sin permiso, o instalaciones que comparten bandeja con la línea general de alimentación del edificio, cosa que no debe hacerse.
Y el problema que llega después: el marrón es tuyo
Este es el punto que menos se explica. Cuando una plataforma subcontrata la instalación, aparecen tres actores: tú, la plataforma y el instalador. Mientras todo funciona, es indiferente. El día que hay una avería, no.
El patrón que describen los propios instaladores es reconocible: la plataforma remite al instalador, el instalador dice que él solo ejecutó lo que le encargaron, y el cliente queda en medio. Si además la empresa que ejecutó era de otra provincia o ya no trabaja con esa plataforma, encontrar a alguien que asuma la avería de un equipo que no instaló es difícil —y quien acepte, lo presupuestará caro, con razón.
Cuándo sí tiene sentido una tarifa cerrada
Para ser justos: hay casos donde este modelo funciona bien.
- Instalaciones cortas y sencillas. Un unifamiliar con el cuadro a ocho metros del punto de montaje y hueco de sobra. Ahí una tarifa plana es razonable y difícilmente te van a recortar nada, porque no hace falta.
- Cuando la plataforma da visita técnica previa y ajusta el precio después de verla. Eso ya no es tarifa cerrada, es un presupuesto, y es otra conversación.
- Cuando el instalador asignado es local y te lo dicen antes. Si sabes quién va a ir y puedes buscar sus referencias, el riesgo baja mucho.
Las cinco preguntas que lo aclaran todo
- ¿Qué sección de cable vais a instalar y con qué caída de tensión calculada? Una empresa seria responde con un número. Si te dicen «la que haga falta», insiste.
- ¿Qué protecciones incluye exactamente el precio? Pide la lista: magnetotérmico, diferencial (y su clase), sobretensiones.
- ¿Quién firma el certificado y con qué número de empresa instaladora? Es público y comprobable.
- ¿Hay visita previa o el precio es por tramos de metros? Si es por tramos, pregunta qué pasa si en obra resulta que hacen falta 15 metros más.
- Si el cargador falla dentro de un año, ¿a quién llamo y quién viene? Que te den un nombre.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debería costar entonces?
Depende tanto de la distancia, del cuadro existente y del tipo de garaje que dar una cifra única sería engañarte. Lo que sí puedes hacer es entender por qué dos presupuestos difieren tanto: lo desglosamos en por qué dos presupuestos se diferencian en 800 €.
¿Todas las plataformas son iguales?
No. Las hay que pagan bien a sus instaladores, hacen visita previa y tienen procesos serios. La diferencia se nota en si el precio es rígido por tramos o se ajusta a la instalación real.
¿Y si ya me la han hecho así?
No entres en pánico: muchas instalaciones económicas están perfectamente bien. Comprueba lo básico —que tienes el certificado, que hay diferencial propio y sobretensiones, y que el cable no calienta— siguiendo las 9 señales de alarma.
Conclusión
Una instalación barata no es automáticamente una mala instalación. Pero un precio cerrado muy por debajo del coste real obliga a recortar en algún sitio, y los sitios donde se recorta son siempre los mismos: sección, protecciones, papeles y horas. Ninguno se ve el primer día. Todos se ven después.