Circula por los grupos profesionales de instaladores de puntos de recarga un género fotográfico propio: la foto del borne quemado. Instalaciones de dos meses de antigüedad con el plástico derretido, cuadros con cables de sección insuficiente, cargadores colgados de circuitos que no les corresponden. Y detrás, casi siempre, la misma historia: una instalación rápida, barata y hecha por alguien que no volvió a aparecer.
El problema es que una instalación mal hecha funciona los primeros días. El coche carga, el cliente queda contento y el fallo aparece meses después, cuando ya nadie coge el teléfono. Estas son las señales que permiten detectarlo a tiempo.
1. No te han pedido ver el cuadro antes de dar precio
Es la señal más temprana y la más fiable. Un presupuesto serio depende de cosas que solo se ven en tu casa: cuántos huecos libres hay en el cuadro, qué potencia tienes contratada, por dónde puede pasar la línea, cuántos metros hay hasta la plaza y en qué estado está la toma de tierra.
Cuando alguien te da un precio cerrado por teléfono sin haber visto nada, lo que está haciendo es vender un paquete estándar y confiar en que tu instalación encaje. Si no encaja, lo normal es que aparezcan los sobrecostes al final, o peor: que se haga igualmente y ya se verá.
2. Las prisas: dos o tres instalaciones el mismo día
Una instalación doméstica bien hecha, con su canalización, sus protecciones, sus mediciones y su puesta en marcha, lleva su tiempo. Cuando el modelo de negocio consiste en encadenar varias instalaciones en la misma jornada, algo se sacrifica, y no suele ser el margen: es el apriete de los bornes, la canalización o las mediciones finales.
3. No hay circuito independiente
El punto de recarga debe tener su propio circuito desde el cuadro general, con sus propias protecciones. Si te han colgado el cargador de la línea de los enchufes del garaje, del trastero o de un circuito que ya alimentaba otra cosa, la instalación no cumple.
Es fácil de comprobar: mira el cuadro y busca un magnetotérmico y un diferencial dedicados al cargador. Si no los ves, pregunta dónde están.
4. Falta el protector de sobretensiones
Es una de las partidas que más se recortan para bajar el precio del presupuesto, y una de las que más caro sale ahorrarse. Sin protección contra sobretensiones, una perturbación de la red puede llevarse por delante la electrónica del cargador, y ese daño no suele estar cubierto por la garantía del fabricante.
Si en tu presupuesto no aparece, no es que no haga falta: es que no lo han puesto. Puedes ver por qué importa en nuestro artículo sobre las protecciones que necesita un cargador.
5. La sección del cable no cuadra con la distancia
Un cargador de 7,4 kW tirando durante horas necesita una sección acorde a la corriente y a la longitud del recorrido. En garajes comunitarios donde hay 30 o 40 metros desde el contador hasta la plaza, la sección que valdría para tres metros provoca caídas de tensión que acaban cortando la carga.
Síntoma típico de esto: el coche empieza a cargar y a los minutos se para con un error de suministro. Es la instalación diciendo que no llega.
6. Bornes con decoloración o marcas de calor
Si alguna vez abres la tapa del cuadro (con la instalación desconectada, o mejor, que lo haga un profesional), fíjate en el color del plástico alrededor de las conexiones. Cualquier amarilleo, ennegrecimiento u olor a quemado es una urgencia, no una curiosidad.
Un borne mal apretado se calienta con cada ciclo de carga, se dilata, afloja más y se calienta más. Es un proceso que se retroalimenta y que termina en el mejor de los casos en un equipo destruido, y en el peor, en un incendio.
7. No te han medido la toma de tierra
Medir tierra es rápido, y es una de las cosas que separan una puesta en marcha de un «ya carga, hasta luego». Si nadie ha sacado un aparato de medida en toda la instalación —ni para la tierra, ni para comprobar el disparo del diferencial— es difícil que te entreguen unas mediciones creíbles después.
8. No te entregan documentación
Esta es la señal definitiva, porque es objetiva y no depende de que entiendas de electricidad. Al terminar deberías tener:
- Certificado de instalación eléctrica (el «boletín») emitido por un instalador autorizado y sellado por el organismo competente de tu comunidad autónoma, cuando proceda.
- Memoria técnica o esquema de lo instalado, con secciones, protecciones y potencia.
- Factura desglosada con material y mano de obra.
- Garantía del equipo y datos del servicio técnico.
Sin esa documentación no puedes solicitar ayudas ni subvenciones, tu seguro puede negarse a cubrir un siniestro y, si vives en una comunidad de propietarios, no tienes forma de acreditar que la instalación cumple.
9. La empresa no tiene instaladores propios
Hay comercializadoras que venden instalaciones a precio de catálogo y luego las subcontratan a tanto alzado: tantos metros, este material, este precio, y arréglatelas. El profesional que llega a tu casa no ha visto el presupuesto, no ha visitado la instalación y cobra lo mismo tarde tres horas o siete.
No es un juicio moral sobre nadie: es que el incentivo está mal puesto. Y cuando meses después aparece un problema, el cliente descubre que la empresa que le vendió no tiene técnicos y el técnico que fue no responde de lo que vendió la empresa.
Qué hacer si sospechas que tu instalación está mal
- No sigas cargando si hay olor a quemado, plástico decolorado o el diferencial salta repetidamente. Desconecta el circuito del cargador.
- Reúne la documentación que tengas: presupuesto, factura, fotos del cuadro y del cargador.
- Pide una revisión a un instalador autorizado independiente. Una revisión con informe cuesta bastante menos que rehacer la instalación y te da un documento con el que reclamar.
- Reclama por escrito a quien hizo la instalación. Los defectos de ejecución están cubiertos por la garantía de la obra.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debería costar una instalación bien hecha?
Para una vivienda unifamiliar con recorrido corto, la horquilla habitual está entre 400 y 900 € de instalación, aparte del cargador. En garaje comunitario, con recorridos largos y canalizaciones, sube. Un presupuesto muy por debajo de eso normalmente se explica recortando protecciones, sección o tiempo.
¿Puede instalarlo mi electricista de siempre?
Sí, siempre que sea instalador autorizado en baja tensión y conozca la ITC-BT-52. Lo que sí conviene es que tenga experiencia concreta en puntos de recarga: la puesta en marcha, el balanceo y la configuración de la app son donde más se atasca quien nunca ha montado uno.
Compré el cargador por mi cuenta, ¿me lo instala cualquiera?
Sí. Comprar el equipo y contratar la instalación por separado es perfectamente normal y suele salir mejor de precio. Lo importante es que el instalador sepa qué modelo va a montar antes de ir, para llevar las protecciones adecuadas.
En resumen
Una instalación de recarga es una inversión que va a estar funcionando muchas horas al día durante años. La diferencia de precio entre hacerla bien y hacerla deprisa son unos cientos de euros; la diferencia de consecuencias puede ser un cuadro carbonizado.
Si tienes dudas sobre lo que te han presupuestado, en Wallbai podemos revisarlo contigo y decirte qué falta antes de que firmes nada.