Cargador con protecciones integradas o cuadro aparte: qué sale mejor y por qué

Al comparar cargadores aparece con frecuencia una diferencia de precio grande entre dos versiones del mismo modelo: «sin protecciones» y «con protecciones». Y la reacción natural es coger la barata. A veces es la decisión correcta. Muchas veces sale más cara. Qué son «las protecciones» Un punto de recarga necesita un conjunto de aparamenta que lo proteja a él, a la instalación y a las personas: Magnetotérmico dimensionado para el circuito. Diferencial de 30 mA de clase adecuada, dedicado al punto de recarga. Protección frente a fugas de corriente continua (6 mA integrados o dispositivo externo). Ver el diferencial tipo B. Protector de sobretensiones, permanentes y transitorias. Ver el protector de sobretensiones. Cuando corresponda, dispositivo de rearme o impedancia infinita. Eso ocupa entre 4 y 6 módulos de carril DIN. Y ahí está el problema. El problema real: el cuadro está lleno En una vivienda española típica, el cuadro general no tiene seis módulos libres. Tiene uno, o dos, o ninguno. Cuando eso ocurre, las opciones son: Ampliar el cuadro general o sustituirlo por uno mayor: obra, tiempo y coste que rara vez está en el presupuesto inicial. Montar un cuadro secundario dedicado al punto de recarga: material, envolvente y mano de obra. Sustituir aparamenta existente por formatos estrechos para liberar espacio: trabajo dentro del cuadro, no siempre posible. Comprar un cargador con las protecciones dentro: cero módulos en el cuadro general. La cuarta opción es la que hace que un equipo aparentemente más caro acabe siendo el más barato instalado. La cuenta comparada Tomando precios reales de dos versiones del mismo equipo: Sin protecciones Con protecciones Equipo 699 € 849 € Cuadro + aparamenta A sumar Incluido Mano de obra de montarlo A sumar Incluida en el equipo Módulos ocupados en tu cuadro 4-6 0 Riesgo de tener que ampliar el cuadro Alto Ninguno Los precios corresponden al V2C Trydan Socket sin protecciones y al V2C Trydan Socket con protecciones. La diferencia de 150 € rara vez cubre lo que cuesta montar el mismo conjunto aparte, y desde luego no cubre ampliar un cuadro. Cuándo sí compensa el equipo sin protecciones Para ser justos, hay escenarios claros: Cuadro con espacio de sobra y ya preparado. Si el cuadro es reciente y tiene seis módulos libres, la opción sin protecciones es perfectamente razonable. Instalación nueva donde el cuadro se monta desde cero y la aparamenta se compra igualmente. Instalación con varios puntos de recarga, donde un cuadro común para todos es más eficiente que repetir protecciones en cada equipo. Cuando el instalador tiene mejor precio de aparamenta que el diferencial de la versión con protecciones. Un matiz técnico a favor del cuadro aparte Hay un argumento profesional legítimo para preferir las protecciones fuera del equipo: accesibilidad. Si el diferencial está dentro del cargador y salta, hay que ir al cargador para rearmarlo. Si está en un cuadro, se rearma allí. En una instalación doméstica donde el cargador está a diez metros, es indiferente. En una comunitaria donde el equipo está en el sótano y el cuadro en tu vivienda, puede importar. Cuidado con el falso ahorro El escenario que hay que evitar: comprar el equipo sin protecciones, descubrir que el cuadro no tiene sitio, y resolverlo recortando —reutilizando un diferencial existente, prescindiendo del protector de sobretensiones, o colgando el cargador de un circuito que no le corresponde—. Eso no es ahorrar: es quedarse sin las protecciones que justificaban el precio. Y es una de las señales que describimos en cómo saber si te han hecho una chapuza. Cómo decidirlo en tu caso Abre la tapa de tu cuadro (sin tocar nada) y cuenta los módulos libres. Necesitas entre 4 y 6. Si tienes espacio: pide presupuesto de las dos opciones y compara el total instalado. Si no tienes espacio: la versión con protecciones integradas es casi siempre la respuesta. Si el instalador propone ampliar el cuadro, pide que te lo presupueste aparte para poder comparar. Opciones con protecciones integradas V2C Trydan 7,4 kW con protecciones, con manguera de 5 m. V2C Trydan con protecciones y manguera de 10 m. Policharger NW-SC3F trifásico 22 kW con protecciones. Policharger NW-T23F con protecciones. Preguntas frecuentes ¿Las protecciones integradas son de peor calidad? No necesariamente. Los fabricantes serios integran aparamenta de marcas reconocidas. Lo que sí conviene es comprobar qué incluye exactamente: no todas las versiones «con protecciones» llevan protector de sobretensiones. ¿Puedo añadir protecciones a un equipo que no las trae? Sí, montándolas en un cuadro aparte. No se pueden meter dentro del cargador. ¿Cuántos módulos necesito exactamente? Depende de qué se incluya y de los formatos elegidos. Existen módulos combinados que integran varias funciones en dos módulos, y son la solución cuando el espacio es muy justo. ¿Y si tengo dos cargadores? Con varios puntos suele ser más eficiente un cuadro común bien dimensionado. Ver dos coches eléctricos en casa. Conclusión La versión sin protecciones solo es más barata si tu cuadro tiene sitio. Antes de decidir por precio de catálogo, cuenta los módulos libres de tu cuadro: es la comprobación de treinta segundos que determina cuál de las dos opciones te va a salir realmente más barata.
6, 10 o 16 mm²: por qué la sección del cable es donde más se recorta en un presupuesto

De todas las partidas de un presupuesto de punto de recarga, la sección del cable es la más fácil de recortar y la más difícil de auditar. El cliente no la ve, va dentro de un tubo, y el cargador funciona igual el primer día tanto con 10 mm² como con 16 mm². Por eso es donde más discusiones hay. El caso típico: un garaje a 120 metros del cuadro, un presupuesto que calcula 16 mm² y otro que ofrece 10 mm² por bastante menos dinero. Y el cliente, con razón, pregunta por qué. El número que lo decide todo: la caída de tensión Un cable no es un conductor perfecto. Tiene resistencia, y esa resistencia hace que la tensión que llega al final sea menor que la que sale del cuadro. Cuanta más corriente y más distancia, mayor es la pérdida. El reglamento fija un límite. Para una instalación de recarga de vehículo eléctrico en monofásico, la caída de tensión admisible es del 5 %. Sobre 230 V, eso son 11,5 voltios. Ese es el número contra el que se calcula todo. Y aquí está el detalle importante: ese 5 % no es una recomendación, es el criterio de cálculo. Si un instalador te enseña una medida de 12 V de caída y te dice que «está bien», está fuera de límite, aunque el coche cargue. Por qué no se puede dar una tabla universal Verás por internet tablas de «sección según metros». Úsalas como orientación, nunca como cálculo, porque el resultado depende de al menos cinco variables: La corriente de diseño. No es lo mismo un cargador de 16 A que uno de 32 A. La longitud real del recorrido, no la distancia en línea recta. En un garaje comunitario, entre subir al techo, rodear la rampa y bajar a la plaza, la diferencia puede ser del doble. Monofásico o trifásico. A igualdad de potencia, el trifásico necesita menos sección porque reparte la corriente entre tres conductores. El método de instalación. Un cable en tubo empotrado disipa peor el calor que uno en bandeja perforada al aire, y eso reduce su intensidad admisible. La temperatura ambiente y el número de circuitos agrupados en la misma canalización. Como referencia de orden de magnitud, en una instalación monofásica a 32 A lo habitual es que hasta unos 20-25 metros baste 6 mm², que a partir de ahí se vaya a 10 mm² y que por encima de 60-70 metros haya que plantearse 16 mm². Pero insistimos: son órdenes de magnitud, no un cálculo. El cálculo lo hace el instalador con los datos reales de tu instalación. Qué pasa de verdad si la sección se queda corta No es que el cargador deje de funcionar. Es peor, porque es progresivo. 1. El coche carga más lento de lo que debería Si la tensión que llega al cargador es baja, la potencia real entregada baja con ella. Un equipo de 7,4 kW puede acabar entregando 6,5 kW sin dar ningún error. El usuario cree que su coche carga lento por el coche. 2. El cable trabaja caliente La energía perdida en el cable se convierte en calor. Un conductor que trabaja permanentemente por encima de su temperatura de diseño envejece más rápido: el aislamiento se degrada, se vuelve quebradizo y pierde propiedades dieléctricas. No es un fallo inmediato, es una vida útil recortada. 3. Las conexiones sufren El punto más caliente de una instalación no suele ser el cable, es el borne. Si el conductor va justo, el borne trabaja al límite, y ahí es donde aparecen las fotos de plástico derretido que circulan por los grupos de instaladores: bornes quemados en instalaciones de dos meses. Casi siempre es una combinación de sección insuficiente y apriete incorrecto. 4. Te quedas sin margen para el futuro Si mañana quieres subir de 7,4 a 11 kW, o añadir un segundo punto de recarga, con la sección justa no puedes. Y volver a pasar 80 metros de cable cuesta mucho más que haberlo puesto bien la primera vez. El truco del papel Hay una práctica que conviene conocer porque explica muchos presupuestos imposibles: ajustar los metros en la documentación en lugar de ajustar el cable a la realidad. Si la instalación real tiene 90 metros pero en la memoria figuran 45, el cálculo de caída de tensión «sale» con 10 mm². El papel queda impecable. El cable instalado sigue siendo el mismo que había antes de escribir el papel. La forma de detectarlo es sencilla: pide que el presupuesto indique los metros y la sección, y compara los metros con lo que ves. Si el recorrido cruza medio garaje y pone 30 metros, pregunta. Cuando el cliente es quien empuja hacia abajo Merece la pena decirlo, porque es igual de frecuente: muchas veces quien presiona para bajar la sección es el propio cliente, con dos argumentos que suenan razonables y no lo son. «Nadie pone 16 mm² para un cargador.» El número no depende de la costumbre, depende de la distancia. En una tirada de 15 metros, efectivamente nadie pone 16. En una de 120, es lo que sale del cálculo. «Si yo no voy a cargar a más de 4 o 5 kW.» El cálculo se hace con la corriente de diseño del circuito, no con la que el usuario piensa usar hoy. Una limitación por software la cambia cualquiera desde la app en treinta segundos; el cable ya está puesto. Cómo comprobar si tu instalación está bien dimensionada Mira el certificado. El certificado de instalación eléctrica y la memoria técnica indican la sección y la longitud del circuito. Es el primer sitio donde mirar. Comprueba la coherencia con la protección. Como referencia, un cable de 6 mm² se protege habitualmente con un magnetotérmico de 32 A y uno de 10 mm² admite hasta 40 A, según el método de instalación. Un magnetotérmico de 40 A protegiendo 6 mm² es una señal de alarma. Mide la tensión con el coche cargando. Es la
Por qué una instalación de cargador por 475 € casi nunca sale a cuenta

Buscas «instalar cargador coche eléctrico» y lo primero que aparece son plataformas con precio cerrado y un formulario de tres campos. Instalación hasta 10 metros, 475 €. Hasta 20 metros, 550 €. Hasta 30 metros, 675 €. Todo incluido: cableado, mano de obra y legalización. Es una propuesta atractiva y perfectamente legal. El problema no es el modelo de negocio: es que esos números solo cuadran si algo se recorta, y conviene saber qué antes de firmar. El desglose que circula, y por qué no cierra Cuando se les pide el detalle, el desglose típico de una instalación de 20 metros es más o menos este: 2 operarios × 3 horas × 40 €/h = 240 € Cable, tubo y pequeño material = 185 € Boletín / certificado de instalación = 150 € Total: 575 € Sobre el papel, ordenado. En la práctica, cualquiera que haya montado un punto de recarga en un garaje comunitario sabe que dos personas no hacen 20 metros de instalación en tres horas. Y ese cálculo, además, deja fuera: El desplazamiento. Ir, aparcar en una zona sin plaza, subir el material, volver. La visita previa, cuando la hay. Muchas plataformas van directas a obra sin verla antes, lo que provoca instalaciones que no se pueden ejecutar el día previsto. Los costes de estructura de una empresa real: furgoneta, herramienta, seguro de responsabilidad civil, vacaciones, formación, gestoría. La postventa. Si algo falla a los seis meses, alguien tiene que volver. Cuando un precio de venta al público está por debajo del coste real de ejecución, el margen tiene que salir de algún sitio. Estas son las cuatro partidas donde sale. 1. La sección del cable Es la primera candidata, porque el ahorro es inmediato y el defecto es invisible durante meses. Bajar de 16 mm² a 10 mm² en una tirada larga son decenas de euros por cada diez metros, y el cliente no lo va a notar el primer día. Lo notará después: caída de tensión por encima de lo admisible, cable trabajando caliente y un cargador que limita potencia. Lo desarrollamos en el artículo sobre qué sección de cable necesita tu instalación. Hay una variante todavía más incómoda: ajustar la sección al papel en vez de a la realidad. Si en la documentación figuran 25 metros en lugar de los 45 reales, el cálculo «sale» con 10 mm². El cable instalado sigue siendo insuficiente. 2. Las protecciones Un cuadro completo para un punto de recarga —magnetotérmico, diferencial de 30 mA de la clase adecuada, protector de sobretensiones permanentes y transitorias y, si procede, el dispositivo de rearme— cuesta dinero y ocupa 4 o 5 módulos. En tarifas muy ajustadas, aparecen atajos: reutilizar un diferencial existente, prescindir del protector de sobretensiones, o colgar el cargador de un circuito que no le corresponde. La consecuencia práctica no es dramática al principio. Es que un día salta el diferencial de toda la casa cada vez que se enchufa el coche, o que una sobretensión se lleva por delante la electrónica del cargador y la garantía no lo cubre. Puedes ver el detalle en qué protecciones necesita de verdad un cargador. 3. La legalización Toda instalación de recarga necesita su documentación: certificado de instalación eléctrica firmado por una empresa instaladora autorizada, memoria técnica de diseño cuando corresponde, y su registro en el organismo competente de la comunidad autónoma. Ese trámite lleva trabajo y responsabilidad. En una tarifa muy comprimida hay riesgo de que se resuelva de forma superficial. Y esto tiene dos consecuencias reales: Sin documentación en regla no puedes optar a ninguna ayuda pública que la exija. En un garaje comunitario, la comunidad debería tener el certificado. Si mañana hay un siniestro y la instalación no está documentada, el problema es de todos. 4. El tiempo Es el recorte más silencioso. Una instalación bien hecha implica grapar la manguera cada pocos palmos, respetar los trazados acordados, proteger el cable por debajo de 2,5 m de altura, sellar los pasos de forjado y dejar el conjunto limpio. Todo eso son horas. Cuando el precio no da para esas horas, aparecen los resultados que circulan por los grupos profesionales: mangueras sin grapar colgando por un patio de luces, cable de sección insuficiente metido en tubo demasiado estrecho, canalizaciones que atraviesan plazas ajenas sin permiso, o instalaciones que comparten bandeja con la línea general de alimentación del edificio, cosa que no debe hacerse. Y el problema que llega después: el marrón es tuyo Este es el punto que menos se explica. Cuando una plataforma subcontrata la instalación, aparecen tres actores: tú, la plataforma y el instalador. Mientras todo funciona, es indiferente. El día que hay una avería, no. El patrón que describen los propios instaladores es reconocible: la plataforma remite al instalador, el instalador dice que él solo ejecutó lo que le encargaron, y el cliente queda en medio. Si además la empresa que ejecutó era de otra provincia o ya no trabaja con esa plataforma, encontrar a alguien que asuma la avería de un equipo que no instaló es difícil —y quien acepte, lo presupuestará caro, con razón. Cuándo sí tiene sentido una tarifa cerrada Para ser justos: hay casos donde este modelo funciona bien. Instalaciones cortas y sencillas. Un unifamiliar con el cuadro a ocho metros del punto de montaje y hueco de sobra. Ahí una tarifa plana es razonable y difícilmente te van a recortar nada, porque no hace falta. Cuando la plataforma da visita técnica previa y ajusta el precio después de verla. Eso ya no es tarifa cerrada, es un presupuesto, y es otra conversación. Cuando el instalador asignado es local y te lo dicen antes. Si sabes quién va a ir y puedes buscar sus referencias, el riesgo baja mucho. Las cinco preguntas que lo aclaran todo ¿Qué sección de cable vais a instalar y con qué caída de tensión calculada? Una empresa seria responde con un número. Si te dicen «la que haga falta», insiste. ¿Qué protecciones incluye exactamente el precio? Pide
Por qué dos presupuestos para el mismo cargador se diferencian en 800 €: el desglose que nadie te explica

Pides tres presupuestos para instalar el mismo cargador en el mismo garaje. Uno te dice 450 €, otro 780 € y el tercero 1.290 €. Y ninguno te explica por qué. La reacción natural es pensar que el caro te está inflando el precio. A veces es así. Pero en la mayoría de los casos, la diferencia está en partidas concretas que uno incluye y otro no, y que tú no puedes ver porque el presupuesto viene en una sola línea: «instalación de punto de recarga». Vamos a abrir esa línea. 1. Los metros de cable (y los metros que se declaran) Es, con diferencia, la partida que más varía. No es lo mismo un cargador a tres metros del cuadro que uno a 60 metros en un garaje comunitario de dos sótanos. Y aquí aparece una práctica que conviene conocer: como la sección de cable necesaria depende de la distancia, reducir los metros declarados en la documentación permite justificar una sección menor y, por tanto, un cable más barato. En el papel todo cuadra. En la instalación real, el cable se queda corto de sección. Un ejemplo de manual: para un recorrido de más de 100 metros, un cálculo honesto puede exigir 16 mm² de sección. Un presupuesto competidor te ofrecerá 10 mm² —o incluso 6 mm²— y será notablemente más barato. Ambos «funcionarán» el primer día. Solo uno mantendrá la caída de tensión dentro de límites cuando el coche esté tirando 32 A durante seis horas. Qué pedir: que el presupuesto indique metros estimados y sección propuesta. Son dos datos, caben en una línea, y te permiten comparar peras con peras. 2. La caída de tensión: el número que decide la sección Este es el fundamento técnico de todo lo anterior, y merece la pena entenderlo aunque no seas electricista. Cuando la corriente recorre un cable, pierde tensión por el camino. Cuanta más corriente, más longitud y menos sección, mayor es la pérdida. Para un punto de recarga monofásico, la caída admisible es del 5 % de 230 V, es decir, unos 11,5 V. ¿Por qué importa tanto? Porque muchos vehículos vigilan la tensión durante la carga y, si detectan una caída de entre 12 y 15 V respecto al inicio, cortan la sesión con un error de suministro. El cliente ve un cargador que «falla a veces» y la causa está en un cable barato instalado hace meses. Dicho de otra forma: los 300 € que te ahorras en sección son exactamente los 300 € que necesitas gastar para que el coche cargue de forma fiable. 3. El estado del cuadro El segundo gran diferenciador. Si tu cuadro es antiguo, empotrado, de 12 elementos y sin un hueco libre, hay que hacer algo: Solución económica: un dispositivo combinado que integre sobretensiones, magnetotérmico y diferencial en 2 o 3 módulos. Resuelve el espacio a un coste contenido. Solución intermedia: un cuadro secundario junto al cargador, alimentado desde el general. Solución completa: sustituir el cuadro por uno mayor en superficie. Cuesta más, pero deja la instalación holgada y ordenada para los próximos veinte años. Un presupuesto que no menciona el cuadro es un presupuesto que asume que hay hueco. Si no lo hay, aparecerá el suplemento el día de la instalación. 4. Las protecciones incluidas Partida clásica de recorte. Las diferencias habituales entre presupuestos: Con o sin protector de sobretensiones. El más habitual de los recortes, y de los que más caro sale. Diferencial estándar o superinmunizado. El estándar es más barato y da disparos intempestivos con las corrientes armónicas de la carga. Diferencial tipo A o tipo B. Si el cargador no incorpora detección de fugas de 6 mA en continua, hace falta un tipo B, que es caro. Un presupuesto que no lo contemple con un equipo que lo necesita está incompleto. Lo desarrollamos en el artículo sobre qué protecciones necesita un cargador. 5. La canalización Pasar el cable no es solo pasar el cable. Puede implicar tubo visto grapado, tubo empotrado con rozas, bandeja en garaje comunitario, taladros en muros de carga, pasos entre plantas o registros nuevos. Aquí hay una diferencia de calidad muy visible: un recorrido bien grapado, con tubo del diámetro correcto y curvas limpias, frente a un cable colgando o pasado de cualquier manera hasta la plaza. La segunda opción es más rápida y más barata, y es exactamente lo que hace que un administrador de fincas ponga el grito en el cielo, con razón. 6. El control dinámico de potencia ¿Incluye pinza? ¿Incluye medidor? ¿O no incluye nada? La diferencia entre las tres opciones puede ser de más de 200 €, y determina si vas a poder cargar a plena potencia sin ampliar la potencia contratada. Un presupuesto sin balanceo es más barato hoy y más caro cada mes en el término de potencia. Lo explicamos en el artículo sobre balanceo dinámico. 7. La legalización y la documentación El certificado de instalación eléctrica, su registro ante el organismo competente y las tasas correspondientes tienen un coste. Un presupuesto que no lo incluye está dejando fuera algo que necesitas sí o sí para: Solicitar ayudas y subvenciones. Acreditar la instalación ante tu comunidad de propietarios. Tener cobertura del seguro ante un siniestro. 8. La puesta en marcha La última partida invisible. Incluye configurar el equipo, actualizar el firmware, vincularlo a tu cuenta, ajustar la potencia contratada, verificar el balanceo con una prueba real y hacer las mediciones. Es donde se va una hora larga de trabajo, y es lo primero que se sacrifica cuando alguien tiene tres instalaciones en el mismo día. La señal de que no se ha hecho: te dejan el cargador funcionando pero sin configurar la app, o configurado con la cuenta del propio instalador. Cómo comparar tres presupuestos de verdad Pide a cada uno que te concrete estos ocho puntos: Metros estimados de línea y sección del conductor. Qué protecciones incluye, con marca y modelo. Si hay que tocar el cuadro y qué solución propone. Tipo de
Cómo saber si te han hecho una chapuza al instalar el cargador: 9 señales de alarma

Circula por los grupos profesionales de instaladores de puntos de recarga un género fotográfico propio: la foto del borne quemado. Instalaciones de dos meses de antigüedad con el plástico derretido, cuadros con cables de sección insuficiente, cargadores colgados de circuitos que no les corresponden. Y detrás, casi siempre, la misma historia: una instalación rápida, barata y hecha por alguien que no volvió a aparecer. El problema es que una instalación mal hecha funciona los primeros días. El coche carga, el cliente queda contento y el fallo aparece meses después, cuando ya nadie coge el teléfono. Estas son las señales que permiten detectarlo a tiempo. 1. No te han pedido ver el cuadro antes de dar precio Es la señal más temprana y la más fiable. Un presupuesto serio depende de cosas que solo se ven en tu casa: cuántos huecos libres hay en el cuadro, qué potencia tienes contratada, por dónde puede pasar la línea, cuántos metros hay hasta la plaza y en qué estado está la toma de tierra. Cuando alguien te da un precio cerrado por teléfono sin haber visto nada, lo que está haciendo es vender un paquete estándar y confiar en que tu instalación encaje. Si no encaja, lo normal es que aparezcan los sobrecostes al final, o peor: que se haga igualmente y ya se verá. 2. Las prisas: dos o tres instalaciones el mismo día Una instalación doméstica bien hecha, con su canalización, sus protecciones, sus mediciones y su puesta en marcha, lleva su tiempo. Cuando el modelo de negocio consiste en encadenar varias instalaciones en la misma jornada, algo se sacrifica, y no suele ser el margen: es el apriete de los bornes, la canalización o las mediciones finales. 3. No hay circuito independiente El punto de recarga debe tener su propio circuito desde el cuadro general, con sus propias protecciones. Si te han colgado el cargador de la línea de los enchufes del garaje, del trastero o de un circuito que ya alimentaba otra cosa, la instalación no cumple. Es fácil de comprobar: mira el cuadro y busca un magnetotérmico y un diferencial dedicados al cargador. Si no los ves, pregunta dónde están. 4. Falta el protector de sobretensiones Es una de las partidas que más se recortan para bajar el precio del presupuesto, y una de las que más caro sale ahorrarse. Sin protección contra sobretensiones, una perturbación de la red puede llevarse por delante la electrónica del cargador, y ese daño no suele estar cubierto por la garantía del fabricante. Si en tu presupuesto no aparece, no es que no haga falta: es que no lo han puesto. Puedes ver por qué importa en nuestro artículo sobre las protecciones que necesita un cargador. 5. La sección del cable no cuadra con la distancia Un cargador de 7,4 kW tirando durante horas necesita una sección acorde a la corriente y a la longitud del recorrido. En garajes comunitarios donde hay 30 o 40 metros desde el contador hasta la plaza, la sección que valdría para tres metros provoca caídas de tensión que acaban cortando la carga. Síntoma típico de esto: el coche empieza a cargar y a los minutos se para con un error de suministro. Es la instalación diciendo que no llega. 6. Bornes con decoloración o marcas de calor Si alguna vez abres la tapa del cuadro (con la instalación desconectada, o mejor, que lo haga un profesional), fíjate en el color del plástico alrededor de las conexiones. Cualquier amarilleo, ennegrecimiento u olor a quemado es una urgencia, no una curiosidad. Un borne mal apretado se calienta con cada ciclo de carga, se dilata, afloja más y se calienta más. Es un proceso que se retroalimenta y que termina en el mejor de los casos en un equipo destruido, y en el peor, en un incendio. 7. No te han medido la toma de tierra Medir tierra es rápido, y es una de las cosas que separan una puesta en marcha de un «ya carga, hasta luego». Si nadie ha sacado un aparato de medida en toda la instalación —ni para la tierra, ni para comprobar el disparo del diferencial— es difícil que te entreguen unas mediciones creíbles después. 8. No te entregan documentación Esta es la señal definitiva, porque es objetiva y no depende de que entiendas de electricidad. Al terminar deberías tener: Certificado de instalación eléctrica (el «boletín») emitido por un instalador autorizado y sellado por el organismo competente de tu comunidad autónoma, cuando proceda. Memoria técnica o esquema de lo instalado, con secciones, protecciones y potencia. Factura desglosada con material y mano de obra. Garantía del equipo y datos del servicio técnico. Sin esa documentación no puedes solicitar ayudas ni subvenciones, tu seguro puede negarse a cubrir un siniestro y, si vives en una comunidad de propietarios, no tienes forma de acreditar que la instalación cumple. 9. La empresa no tiene instaladores propios Hay comercializadoras que venden instalaciones a precio de catálogo y luego las subcontratan a tanto alzado: tantos metros, este material, este precio, y arréglatelas. El profesional que llega a tu casa no ha visto el presupuesto, no ha visitado la instalación y cobra lo mismo tarde tres horas o siete. No es un juicio moral sobre nadie: es que el incentivo está mal puesto. Y cuando meses después aparece un problema, el cliente descubre que la empresa que le vendió no tiene técnicos y el técnico que fue no responde de lo que vendió la empresa. Qué hacer si sospechas que tu instalación está mal No sigas cargando si hay olor a quemado, plástico decolorado o el diferencial salta repetidamente. Desconecta el circuito del cargador. Reúne la documentación que tengas: presupuesto, factura, fotos del cuadro y del cargador. Pide una revisión a un instalador autorizado independiente. Una revisión con informe cuesta bastante menos que rehacer la instalación y te da un documento con el que reclamar. Reclama por escrito a quien hizo la instalación. Los defectos de ejecución están cubiertos por la