De todos los elementos de un cuadro de punto de recarga, el protector de sobretensiones es el que más veces se recorta en un presupuesto ajustado y el que menos se echa de menos… hasta la noche de tormenta en que el cargador deja de encender.
Cuesta relativamente poco, ocupa uno o dos módulos y es la diferencia entre una avería de 40 € y una de 600 €. Merece la pena entender qué hace exactamente.
Qué es una sobretensión
Una subida de tensión por encima del valor normal de la red. Hay dos tipos, y protegen aparatos distintos:
Sobretensiones transitorias
Picos de tensión muy altos y muy breves —microsegundos— provocados por descargas atmosféricas, maniobras en la red o conmutación de cargas grandes. No hace falta que caiga un rayo en tu casa: uno a kilómetros de distancia induce un pico que llega por la línea.
Es lo que se lleva por delante la electrónica. Y un punto de recarga es, por dentro, electrónica.
Sobretensiones permanentes
Subidas sostenidas de la tensión, típicamente por la pérdida del neutro en la instalación o en la red de distribución. Duran segundos o minutos, pero en ese tiempo pueden alcanzar valores que destruyen todo lo que esté conectado.
Son menos frecuentes que las transitorias pero mucho más destructivas: un fallo de neutro puede llevarse los electrodomésticos de media vivienda.
Por qué el cargador es especialmente vulnerable
Tres razones que se suman:
- Está conectado permanentemente. A diferencia de un televisor que se puede desenchufar, el cargador vive enchufado las 24 horas, incluida la noche de tormenta.
- Es todo electrónica. Placa de control, comunicaciones, medida. Nada de eso tolera un pico.
- A menudo está en el punto más expuesto de la instalación: al final de una tirada larga, en un exterior o en un garaje con una toma de tierra propia.
Y hay un factor económico: un cargador cuesta varios cientos de euros y el fabricante no cubre en garantía los daños por sobretensión. Es un daño externo, no un defecto del producto.
Qué debe llevar un cuadro bien hecho
Un cuadro completo de punto de recarga incluye, como mínimo:
- Magnetotérmico dimensionado para el circuito.
- Diferencial de 30 mA de la clase adecuada, dedicado al punto de recarga.
- Protección frente a fugas de corriente continua, integrada en el equipo o externa. Ver el diferencial tipo B.
- Protector de sobretensiones, idealmente combinado permanentes y transitorias.
- Cuando corresponda, dispositivo de rearme o impedancia infinita en el equipo. Ver el rearme del contador.
Existen módulos combinados que integran varias de estas funciones en dos módulos, lo que resuelve el problema clásico del cuadro sin hueco. Y algunos cargadores traen todo el conjunto integrado dentro del propio equipo, lo que simplifica mucho la instalación.
Un detalle que se pasa por alto
Un protector de sobretensiones se gasta. Cada vez que desvía un pico, sus componentes internos se degradan. Por eso todos llevan un indicador —normalmente una ventana que cambia de color o un testigo— que señala cuándo hay que sustituir el cartucho.
Nadie mira nunca ese indicador. Y un protector agotado es exactamente igual de inútil que no tener ninguno, con el agravante de que crees que estás protegido.
Añádelo a tu revisión anual: mirar la ventanita del protector es cuestión de tres segundos. Lo incluimos en el mantenimiento del cargador.
Casos donde es especialmente recomendable
- Zonas con tormentas eléctricas frecuentes. Buena parte del interior peninsular en verano.
- Viviendas unifamiliares y zonas rurales, donde la red aérea es más vulnerable.
- Instalaciones a final de línea, donde ya de por sí hay problemas de tensión. Lo tratamos en bajadas de tensión y final de línea.
- Instalaciones con fotovoltaica, que añaden electrónica cara al conjunto.
- Cargadores en exterior o alimentados por tiradas largas.
Un aviso para instalaciones bifásicas
Si tu suministro es bifásico —230 V entre dos fases, sin neutro— el protector de sobretensiones convencional no vale: está diseñado para vigilar la tensión entre fase y neutro y, sin neutro, dispara solo a los pocos minutos aunque no haya nada conectado. Existen versiones específicas. Lo explicamos en cargadores en red bifásica.
Preguntas frecuentes
¿No basta con el protector que ya tiene mi cuadro general?
Ayuda, pero no siempre es suficiente. Un protector en cabecera reduce el pico que llega; para un equipo sensible al final de una tirada larga, lo recomendable es una protección próxima al equipo. Si tu cargador está lejos del cuadro general, tener su propio protector tiene sentido.
¿Es obligatorio?
La exigencia de protección contra sobretensiones depende del tipo de instalación y de sus características. En instalaciones de recarga es una práctica ampliamente recomendada, y en muchos casos exigible. Quien firma el certificado es quien determina qué corresponde en tu caso concreto.
¿Cuánto cuesta añadirlo si no lo tengo?
El aparato en sí es una parte pequeña del coste; lo que hay que valorar es si hay hueco en el cuadro. Si no lo hay, existen módulos combinados que resuelven varias funciones en poco espacio.
Mi cargador se ha estropeado con una tormenta. ¿Lo cubre el seguro?
Los seguros de hogar suelen contemplar daños eléctricos, con condiciones y franquicias que varían mucho entre pólizas. Merece la pena revisar la tuya y preguntar expresamente si la instalación de recarga queda incluida. No somos mediadores de seguros: consúltalo con tu compañía.
Conclusión
El protector de sobretensiones es la partida más fácil de quitar de un presupuesto y la que peor sale a cuenta quitar. Protege un aparato caro que está permanentemente conectado y cuya garantía no cubre este tipo de daño. Si tu cuadro no lo tiene, pregúntale a tu instalador qué haría falta para añadirlo: casi siempre es más sencillo de lo que parece.